La mejor alimentación y dieta para embarazadas

Durante los nueve meses de embarazo la alimentación es primordial. Tus necesidades nutritivas han aumentado. Además, es indispensable evitar carencias. Vamos a ofrecerte a continuación claves para mantener una correcta alimentación y, con ella, ayudar a tu bebé a formarse bien. La elección de los alimentos durante el embarazo es esencial. Las necesidades de la madre son variadas, tanto para un buen desarrollo del embarazo como para un desarrollo sin problemas del bebé. Tu lema debe ser el siguiente: “no debo comer por dos, sino comer dos veces mejor”.

Hábitos y costumbres saludables

El primer hábito saludable al que debes acostumbrarte es adoptar un ritmo alimenticio regular. Lo ideal es hacer tres comidas iguales cada día (desayuno, comida y cena) en un plano energético, más dos tentempiés ligeros (el almuerzo y la merienda) a lo largo del día. Es igualmente importante respetar siempre el equilibrio alimenticio insistiendo en las aportaciones de glúcidos, hierro y calcio. Toma regularmente los suplementos nutricionales que te hayan sido prescritos (vitamina D, hierro, etc.), pero nunca tomes ningún suplemento añadido por ti sin consultarlo con el médico. Durante el embarazo el control debe ser total.

El “coste energético”

El “coste energético” de un embarazo corresponde a un suplemento de 150 Kcal al día durante el primer trimestre y de 350 Kcal en el segundo y tercer trimestre. Evidentemente, esto dependerá de la corpulencia, de tu nivel de actividad durante el embarazo y de otros factores individuales. Es recomendable consulta tu “necesidad energética” con tu médico y preguntarle cualquier duda que tengas o pueda surgir.

Hierro

Las necesidades de hierro aumentan durante el embarazo, sobre todo en el transcurso de los 6 últimos meses. Necesitan aportes de 30 a 50 mg al día mínimo. Las necesidades de hierro en el momento del embarazo son tan elevadas que generalmente es necesario tomar un suplemento. Eso sí: nunca tomarlo sin prescripción médica. La anemia ferripriva, consecuencia de la carencia de hierro, aumenta los riesgos de embarazo prematuro y de hipotrofia fetal.

Lípidos

Los lípidos son esenciales: contribuyen a los aportes energéticos. Hay que velar por su contenido de ácidos grasos esenciales, indispensables para el recién nacido de manera general, y para el buen desarrollo de los tejidos nerviosos en particular. También tienen un papel estructural muy importante en el embarazo, al intervenir en la formación del cerebro.

Calcio

Las necesidades de calcio son de alrededor de 1000 mg al día. Además de la mineralización ósea en el bebé, el consumo de calcio protege a la mujer embarazada del riesgo de hipertensión arterial y las graves complicaciones asociadas. Además, el calcio del que se nutre la embarazada, nutre a su vez la leche maternal de calcio para el bebé. Otra función del calcio es prevenir el riesgo de depresión postparto.

Proteínas

El aporte aconsejado de proteínas ronda los 70 g diarios en las mujeres embarazadas. Como ves tus necesidades proteicas han aumentado. Y es que la mayoría de las proteínas de la alimentación de la embarazada se destinan a la síntesis de nuevos tejidos tanto de la madre, como del feto.
Para conseguir que la ingesta proteica sea equilibrada es necesario que las proteínas ingeridas en el embarazo sean tanto de origen vegetal (legumbres y cereales), como animal (carne, pescado, leche y huevos).

Vitaminas

Las necesidades vitamínicas también han aumentado durante el embarazo. Las necesidades en vitaminas A, B y C se cubren fácilmente mediante una alimentación suficientemente diversificada. Las que no son tan fáciles de cubrir son las necesidades de ácido fólico (vitamina B9). Y esto plantea un problema, ya que muchas mujeres muestran una baja tasa ya desde el principio del embarazo.
El problema viene porque la carencia de ácido fólico aumenta el riesgo de embarazo prematuro y también un retraso de crecimiento fetal. Además de poder arrastrar malformaciones graves afectando al sistema nervioso. Por tanto, es aconsejable aumentar las aportaciones alimenticias de ácido fólico tomando complementos alimenticios desde el inicio del embarazo (e incluso dos meses antes de la concepción) y durante todo el primer trimestre. Eso sí, siempre con prescripción médica

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